Ámbar
Han pasado varios días desde que David y yo discutimos, y él no ha regresado a casa. Aunque intento convencerme de que es mejor así y me mantengo ocupada con trabajos independientes, algo en mi interior me impide encontrar la paz. Si bien es probable que esté trabajando, saliendo y durmiendo con otras mujeres, no puedo evitar sentirme preocupada por su bienestar.
—No, no es así —me digo por millonésima vez en el día, y eso que apenas es la hora del almuerzo—. Mi suegro ya habría venido a d