David
—Los trabajos que envió antes eran grandiosos. Realmente me pesó tener que rechazarlos —me dice Lucía cuando le ordeno que acepte este último trabajo mediocre que entregó—. Este no es nada bueno, no se nota que se haya esforzado.
Frunzo el ceño al ver el mal diseño. Algo extraño está pasando con Ámbar, pues ya no parece esforzarse por los trabajos que hace. En cierto modo, me alivia, porque así nunca conseguirá la meta, pero algo dentro de mí me dice que hay algo más.
Aun así, no he podido