CARTAS A PARIS.
El enviado especial Jean-Paul, caminaba de prisa en dirección al parque, el día le parecía ser más insufrible, pero tenía lo que necesitaba, la Gazette tenía la fuerza de la monarquía, de toda Francia, así qué jean-Paul se sentía seguro, su cabeza no sería cortada por ningún administrador de la ciudad, y menos de aquella ciudad rural.
Jean-Paul, llego el parque, se sentó en la plaza, y comenzó a redactar las cartas para la Gazette, “el administrador de la Gevuadan no solo es cómplice de los crímenes de la bestia, el mismo la oculta, y le niega, coloco jean-Paul en la carta, el gobernador se oculta detrás de la mansión, y no da explicación de la bestia, pero mi señor, Renault, la bestia se dice que es por obra de Dios, y es una señal de la venganza de la divina católica”.
Jean-Paul, cerro el sobre, y se digirió hasta el correo de la ciudad y deposito las cartas.
El niño todavía estaba en la plaza, jean-Paul. Saco un puro, y se quedó sentando en la plaza, meditaba en el crimen de la bes