ENFRENTANDO A LA TÍA.
ENFRENTANDO A LA TÍA.
Ante la imponente fachada de la casa, Elara sentía cómo el pasado y el presente se entrelazaban en un nudo en su estómago. Nathaniel, a su lado, era la personificación de la determinación, su mano en la de ella un ancla en la tormenta que se avecinaba.
―Recuerda. ―dijo Nathaniel, mirándola fijamente. ―hoy recuperamos lo que es legítimamente tuyo. No estás sola en esto.
Justo entonces, Jonathan llegó con paso decidido, su presencia era tan imponente como la de Nathaniel.