SE ACABÓ
Los pitidos de la máquina cardíaca resonaban en la silenciosa habitación, Daniel, que no se había apartado de su esposa un instante, miraba por la ventana. Sin embargo, la mujer acostada en la cama abrió los ojos lentamente.
―¿Dónde… dónde estoy? ―murmuró con voz ronca.
Daniel se giró rápidamente y sus ojos se abrieron tanto emocionados como estupefactos.
―Cariño… ―susurró y se acercó a ella ―…mi amor, estás despierta, estás aquí…
Naomi tragó un poco y Daniel se apresuró a servirle agu