El estudio del Pakhan olía a cuero viejo, humo de puro caro y poder absoluto. Viktor Volkov, el heredero, giraba lentamente el vaso de vodka helado entre sus dedos, observando los diamantes del líquido claro a la luz de la lámpara de araña. Su madre, Sasha, ocupaba el sofá opuesto, un torbellino de seda negra y palabras afiladas. Hablaba sin pausa, como si llevara meses acumulando reproches y estrategias: los negocios en Budapest, el desafío de los Urales, la debilidad percibida de ciertos brig