El rugido del Aston Martin negro se apagó frente a la imponente fachada de la mansión Volkov. Antes de que el eco muriera en el aire gélido, la enorme puerta de roble tallado se abrió con brusquedad, impulsada por manos invisibles pero alertadas por la llegada inusual. Ivanka saltó del asiento trasero, su figura esbelta una flecha negra contra la nieve, seguida de cerca por Serguéi y otro escolta monumental que cargaba el cuerpo inerte de Gianni Giorgetti entre ellos, como un fardo precioso y p