El abrazo fue un refugio, un universo cerrado donde solo existían el ritmo sincronizado de sus corazones y el olor a bergamota y acero de Gianni. Pero la realidad, como un intruso implacable, exigía espacio.
Lentamente, Ivanka aflojó su agarre, sus brazos deslizándose por los costados de Gianni hasta quedar suspendidos en el aire, como buscando aún un punto de anclaje. Gianni, a su vez, relajó la presión de sus brazos, pero no la soltó del todo. Sus manos se deslizaron hacia sus hombros, manteni