La mirada entre ellos se sostenía, un puente tenso de preocupación, desafío y algo más profundo, indefinible. Giani sonrió, un gesto que pretendía ser tranquilizador pero que no logró ocultar la peligrosa chispa en sus ojos. Sus dedos acariciaron la mejilla de Ivanka con apenas un roce, un contacto eléctrico que la hizo estremecer.
— No debes preocuparte, Iskra — susurró, su voz un susurro sedoso que rozaba la mentira — Es un simple desayuno.
Ivanka negó con vehemencia, sus ojos azules brillando