El aire en la habitación aún vibraba con la electricidad de la promesa rota, la seducción interrumpida. Gianni no había cedido un ápice de su posición dominante. Su mano sujetaba la barbilla de Ivanka, forzándola a mantener la mirada clavada en sus ojos grises, profundos como pozos.
— Dime, Ivanka... — susurró, su voz un roce de terciopelo negro contra la piel de ella —. ¿Estás dispuesta a entregar todo en este juego?
El corazón de Ivanka latía contra sus costillas como un tambor de guerra. La p