La familia Hendrix haría una gala benéfica esa noche. Me enteré por Damian, quien me envió una invitación al correo y un mensaje bastante claro: «Ven, no falles»
Obviamente eso significaba que Gael asistiría. De por si Damian no solo pensó en eso, sino que me envió hasta el vestido que debía usar. Mientras lo miraba me pregunté si debería ir. Pero al final la decisión fue innegable. Quería ir, ver a Gael.
El vestido era largo. Azul oscuro, de seda, con un escote poco pronunciado y unas mangas largas que me hacían sentir como una niña jugando a ser adulta.
Me vestí cuando ya casi era la hora de irme. Me miré en el espejo del baño, con el maquillaje más caro que pude permitirme, el pelo recogido en un moño que ya empezaba a soltarse. No me reconocí. Parecía una versión de lujo de mí misma, una Viatrix que podría haber sido si la vida hubiera sido diferente.
La gala era en el hotel más caro de la ciudad. Cuando llegué, el aire olía a perfume caro, flores frescas y dinero. Mucho dinero.