La noticia llegó con Sebastián. Entró al estudio donde Gael y yo revisábamos un informe de uno de los puertos, y su cara tenía esa expresión tensa y profesional que solo usaba cuando traía malas noticias que él ya había discutido y perdido.
—Está hecho —dijo Sebastián, cruzándose de brazos —. Ya le pasé tus órdenes a tus hombres. Damian será liberado en una hora.
El aire se salió de mis pulmones. Miré a Gael, esperando una sonrisa irónica, un “es broma”, algo. Pero él solo asintió, con los o