Regresar a casa después del juicio fue como volver a la vida después de una larga enfermedad.
Todo estaba igual. Las mismas paredes, las mismas ventanas, el mismo jardín donde tantas veces había paseado con la mano en el vientre. Pero todo se sentía diferente. Más ligero. Como si el aire hubiera dejado de pesar.
Los primeros días los pasamos en silencio. No un silencio incómodo, sino el de dos personas que finalmente pueden respirar después de meses bajo el agua. Gael trabajaba menos. Se qued