Elena se miró al espejo por última vez antes de salir de su habitación. Llevaba un vestido color crema, sencillo pero perfectamente ajustado a su figura. El cabello suelto, ondas suaves cayendo sobre los hombros, y un brillo en la mirada que no tenía nada de inocente.
Era la calma antes del golpe.
En el comedor principal, el murmullo de las voces la guió hasta la fuente del ruido: Lara.
Sentada a la mesa, con una sonrisa contenida, hablaba con una de las empleadas mientras bebía café como si la