La puerta cristalina del restaurante del hotel se abrió con un susurro elegante cuando Elena entró del brazo de Viktor. La luz cálida del lugar cayó sobre ellos como si los conociera desde siempre, resaltando la figura imponente de él y la presencia delicada, casi etérea, de ella. No hicieron falta palabras: juntos parecían una escena cuidadosamente calculada. Lo era.
Viktor ofreció su brazo con naturalidad, pero Elena lo tomó con una fría exactitud, justo lo suficiente para que pareciera ínti