CAPÍTULO 18

La mañana no amaneció. Se derramó.

La luz no entró: se filtró como una herida mal cerrada entre las nubes grises que cubrían la mansión Montenegro. Los árboles del enorme jardín se mecían como si obedecieran a una orden muda, mientras un viento helado golpeaba los ventanales antiguos.

Adentro, el aire estaba cargado.

Así se siente una casa cuando dos personas están dejando de ser marido y mujer para convertirse en enemigos silenciosos.

Elena abrió los ojos antes de que el sol siquiera se an
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