La mañana había amanecido con un gris espeso, como si el cielo presintiera que algo estaba por quebrarse. El silencio en el departamento era tan denso que parecía un tercer habitante, uno que se acomodaba entre las paredes, respirando despacio, observando todo. Gabriel no había dormido. Se quedó en el sillón, inclinado hacia adelante, con las manos entrelazadas y la cabeza hundida entre los hombros, como un hombre esperando una sentencia.
Cuando escuchó el suave abrir de la puerta de la habita