El sonido de las limas de uñas contra el acrílico llenaba el ambiente con un ritmo constante. Casi hipnótico. Era viernes, el día más lleno en el Spa Luna. En cada cabina se trabajaba con precisión milimétrica: geles permanentes, manicuras rusas, limpiezas profundas de cutículas, extensiones 3D. Aitana llevaba una hora y media con su cuarta clienta del día. Normalmente, le encantaba esa sensación: las manos entregadas a ella, la confianza, el arte. Pero ese día, algo palpitaba bajo la superfici