Aitana apagó las luces principales del salón, dejando encendidas solo las lámparas bajas, como luciérnagas flotando sobre cada mesa de trabajo. El reloj marcaba las 7:05 p.m. Las vitrinas reflejaban tonos cálidos, cuidadosamente elegidos para alejar cualquier recuerdo de hospitales o tiendas frías. No quería que ese lugar se sintiera como un negocio. Quería que se sintiera como un refugio.
Era la primera noche del taller nocturno para madres solteras.
No se trataba de una estrategia de crecimie