El sabor de ese beso aún estaba ahí.
No importaba cuántas veces Aitana se lavara la boca, o cuántas lágrimas silenciosas resbalaran por sus mejillas en las noches donde se sentía más sola que nunca.
Ese beso... era una herida dulce.
Y lo peor: no quería olvidarlo.
El fondo musical, la luz cálida de la terraza, el murmullo de las conversaciones filtradas entre copas de vino rosado. Esa noche la ciudad parecía otra, y él también. Menos impenetrable. Más humano.
Flashback - Dos meses antes.
-¿Siem