El aire de la tarde estaba tibio, con un sol que lentamente se despedía en tonos dorados y rosados. El parque era un refugio de calma después de tantos días agitados. Ámbar corría delante de Aitana, con su risa ligera llenando el espacio, mientras Sebastián caminaba a su lado, observándolas con una mezcla de ternura y admiración que a Aitana le parecía casi nuevo, pero también tan necesario.
Desde que Sebastián había entrado en su vida, todo había cambiado con una suavidad que no esperaba. No s