El pasillo del spa estaba más silencioso que lo normal. No se oían las risas fingidas de siempre, ni los tacones marcando territorio. Solo el sonido lejano del agua en la fuente del patio central y el suave murmullo de una clienta en recepción. Aitana, con su bolso colgando del hombro y una carpeta de diseños nuevos entre las manos, caminaba hacia su estación cuando la vio.
Lara estaba sentada sola en uno de los sillones de la sala de espera privada. No tenía maquillaje. Vestía un conjunto senc