Capítulo 98. La llamada de la rehén.
Hotel Four Seasons. Suite Presidencial. 05:15 AM.
El silencio en la suite era engañoso. Camila llevaba horas acostada en la inmensa cama, con los ojos abiertos clavados en el techo, escuchando el zumbido del aire acondicionado y el latido acelerado de su propio corazón. No había podido dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a los hombres de Rogelio persiguiéndola o sentía la mirada azul de Arthur quemándole la piel.
Se sentó lentamente en la cama, cuidando que el colchón no crujiera. Llevaba puesta la camisa blanca de Arthur. Le quedaba como un vestido corto, pero el olor a sándalo impregnado en la tela la mareaba.
Miró hacia la puerta del dormitorio. Estaba entreabierta. Arthur la había dejado así después de la cena, una advertencia silenciosa de que la privacidad era un privilegio que ella había perdido.
Camila bajó los pies descalzos a la alfombra. Tenía que intentarlo. Su padre debía estar volviéndose loco. Conocía a Bruno Ávalos; sabía que a esa hora ya habría movilizado a