Capítulo 137. La cicatriz del perdón.
Habitación principal. Residencia Ávalos.
El silencio en la habitación era absoluto, solo roto por la respiración rítmica de ellos dos. Aunque la luz del sol comenzaba a teñir el cielo de un azul pálido afuera, dentro de las sábanas de seda, la atmósfera era densa, cargada de una intimidad que iba más allá de lo físico.
Bruno Ávalos no estaba dormido. Estaba recostado sobre su lado, con el torso desnudo, observando a la mujer que dormía frente a él. Trazó con la yema del dedo, apenas rozando la