Capítulo 138. El desayuno de los vivos.
Cocina de la Residencia Ávalos.
La luz del sol entraba a raudales por los ventanales plegables de la nueva cocina, rebotando en el mármol blanco y llenando el espacio de una claridad dorada que hacía imposible imaginar sombras pasadas.
El olor a café recién hecho y a pan tostado había reemplazado cualquier otro aroma en la memoria de la casa.
Bruno Ávalos estaba de pie frente a la cafetera de alta tecnología. No llevaba traje. Llevaba unos pantalones de lino y una camiseta polo azul marino que dejaba ver la relajación de sus hombros.
Si alguno de sus socios o ejecutivos lo viera así, descalzo y tarareando bajito mientras servía jugo de naranja, pensaría que había sido abducido por extraterrestres. Pero Bruno se sentía más él mismo que nunca.
Victoria entró en la cocina. Llevaba unos vaqueros y una blusa blanca sencilla. Su cabello estaba recogido en una coleta alta que dejaba ver su cuello, donde una pequeña marca roja, recuerdo de la noche anterior, delataba la pasión vivida. Cami