Capítulo 7. Seducción.
A las 6:50 de la mañana, Renata estaba parada frente a la imponente Torre Reforma. El rascacielos de cristal y acero parecía una aguja clavada en el cielo gris de la Ciudad de México. Se sentía minúscula, como una hormiga a punto de ser aplastada por una bota gigante.
Se alisó la falda negra de tubo, la única formal que tenía, y respiró hondo.
—Tú puedes, Renata —se dijo a sí misma para darse ánimo—. Es solo un trabajo. No dejes que te vea llorar.
Entró al lobby. Todo era lujo silencioso. Mármo