Capítulo 120. Huesos rotos y verdades rotas
Cubículo de Trauma 4. Hospital Ángeles
El traumatólogo, un hombre de mediana edad con gafas de montura metálica y expresión cansada, terminó de ajustar las correas de la camilla alrededor del brazo de Camila.
La enfermera preparó una jeringa con anestesia local, pero la mirada que le dedicó a la chica fue de pura lástima. Camila odió esa mirada. Odiaba que la vieran como a una víctima.
Odiaba estar ahí, tumbada bajo luces que zumbaban como moscas eléctricas, mientras su padre estaba colapsado en algún lugar del edificio y su mejor amiga estaba siendo abierta en canal unos pisos más arriba.
—Muy bien, Camila —dijo el médico con voz suave y profesional, revisando las radiografías digitales en la pantalla de la pared—. Tienes una fractura en la muñeca y el radio se rompió.
Camila miró la pantalla. Sus huesos, blancos y fantasmales sobre el fondo negro, se veían astillados, incorrectos. Como su vida.
—Solo arréglelo —murmuró ella, con la garganta seca.
—Tengo que hacer una reducción cer