Capítulo 119. Tengo que estar lista.

Urgencias del Hospital Ángeles del Pedregal.

La camioneta blindada devoró la rampa de acceso a urgencias con un rugido de motor y un chirrido de neumáticos que hizo eco en las paredes de concreto del hospital. David no esperó a estacionarse correctamente.

Frenó en seco justo frente a las puertas automáticas de cristal, dejando el vehículo encendido y atravesado. La lluvia seguía cayendo, implacable, convirtiendo las luces rojas de la entrada en manchas sangrientas sobre el asfalto mojado.

Dentro del vehículo, Camila Ávalos miraba sus propias manos. Estaban manchadas. Había sangre seca en sus cutículas, barro bajo sus uñas y hollín en sus palmas. Su mano derecha, hinchada hasta deformarse, latía con un ritmo propio, agónico y caliente, como si tuviera un corazón a punto de estallar bajo la piel amoratada.

Pero ella apenas lo sentía. Su mente estaba atrapada en un bucle, repitiendo una y otra vez la imagen de Victoria cayendo al suelo y la voz de Rogelio escupiendo veneno sobre la me
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