Capítulo 118. Promesa de sangre.
Victoria no respondió. Su cabeza cayó pesadamente contra el pecho de Bruno, y su mano, que hasta hace unos segundos apretaba débilmente la de él, se relajó.
—¡Victoria! —gritó Bruno, sacudiéndola con cuidado—. ¡No! ¡No te duermas! ¡Yuri, más rápido!
El helicóptero cortaba la noche como una navaja negra, inclinándose peligrosamente para ganar velocidad. Abajo, las luces de la Ciudad de México eran un borrón de neón mojado.
Bruno presionaba con fuerza el saco empapado contra la herida de ella. S