Capítulo 118. Promesa de sangre.
Victoria no respondió. Su cabeza cayó pesadamente contra el pecho de Bruno, y su mano, que hasta hace unos segundos apretaba débilmente la de él, se relajó.
—¡Victoria! —gritó Bruno, sacudiéndola con cuidado—. ¡No! ¡No te duermas! ¡Yuri, más rápido!
El helicóptero cortaba la noche como una navaja negra, inclinándose peligrosamente para ganar velocidad. Abajo, las luces de la Ciudad de México eran un borrón de neón mojado.
Bruno presionaba con fuerza el saco empapado contra la herida de ella. Sentía la sangre caliente empapándole los pantalones, una sensación pegajosa y aterradora que le recordaba que la vida se le estaba escapando entre los dedos.
—Mírame... amor —suplicó Bruno, con la voz rota, pegando su frente a la de ella, mientras las lágrimas bañaban su rostro—. No me hagas esto. No, después de todo. No puedes dejarme solo ahora que estamos juntos, que te encontré. Debes estar bien, Nathan te necesita Regina… yo te necesito, por favor…
Victoria entreabrió los ojos una vez más.