Capítulo 106. Algo más que un chupetón.
La Ciudad de México despertaba bajo un manto gris de llovizna fría. Dentro de la camioneta blindada que conducía David, el silencio era tan denso que parecía tener peso físico.
Camila iba sentada en el asiento trasero, acurrucada contra la puerta, mirando pasar los edificios de Reforma sin verlos realmente.
David conducía con la vista clavada en el retrovisor y en el camino, profesional, mudo. No había hecho preguntas.
Pero Camila sabía que él notaba algo. Seguramente notaba que ella temblaba aunque la calefacción estaba encendida. Seguramente notaba que se abrazaba el estómago como si algo le doliera por dentro.
Camila cerró los ojos y apoyó la frente contra el cristal frío.
Se sentía sucia, manchada por dentro.
Cada vez que el vehículo pasaba un bache, sentía un roce, una pequeña molestia física entre las piernas que le recordaba, con una crueldad exquisita, lo que acababa de hacer.
El olor de Arthur Sterling, esa mezcla de sándalo, whisky y piel masculina, parecía estar tatuado en