Capítulo 100. El fruto prohibido.
Hotel Four Seasons. Suite Presidencial. 05:20 AM.
La madrugada colgaba del cielo de la ciudad como un manto pesado y húmedo. En la penumbra lujosa de la suite presidencial, el único testigo del derrumbe era el auricular del teléfono, que yacía boca arriba sobre la alfombra persa, un insecto negro de tecnología olvidado.
Desde su pequeño altavoz, la voz de Bruno Ávalos se filtraba, un hilo metálico y distorsionado cargado de un pánico que ya no encontraba receptor.
—¡Arthur! ¡Contesta, maldito hijo de…! ¡Si le haces un solo rasguño te juro que te despedazo con mis propias manos! ¡Camila! ¡Contéstame, hija!
Pero sus palabras se perdían en la inmensidad silenciosa de la habitación, ahogadas por el grueso terciopelo de las cortinas y el latido sordo de dos corazones que habían decidido traicionar a sus dueños.
Eran gritos de un hombre que, por primera vez en su vida de excesos y poder, se encontraba completamente impotente, reducido a un fantasma que gritaba desde el suelo.
Dos me