Capítulo 101. Rendición en la oscuridad.
Sin romper el beso, ese sello húmedo y violento que los unía, Arthur la levantó en vilo. Fue un movimiento fluido, impulsado por una fuerza bruta, que despertó un nuevo jadeo en la boca de Camila.
La sensación de ingravidez, de completa dependencia, la desarmó. Instintivamente, como un mono aferrándose a una rama, enroscó las piernas alrededor de su cintura, buscando estabilidad. La fricción de sus muslos desnudos contra la tela impecable y costosa del traje de Arthur generó una descarga eléctr