El corazón me dolía al salir de la habitación de mi padre. No estaba viendo correctamente debido a las lágrimas que empañaban mis ojos. En el pasillo blanco, frío y estéril, me deslicé por la pared hasta llegar al piso, intentando asimilar lo que había ocurrido.
Justo cuando estaba preparada para decirle la verdad, para dejar de esconderme como una cobarde, él ya se había enterado de todo. Fui tan tonta por dudar durante tanto tiempo. Debí ser franca desde el principio. Ahora mi padre pensaba