El corazón me dolía al salir de la habitación de mi padre. No estaba viendo correctamente debido a las lágrimas que empañaban mis ojos. En el pasillo blanco, frío y estéril, me deslicé por la pared hasta llegar al piso, intentando asimilar lo que había ocurrido.
Justo cuando estaba preparada para decirle la verdad, para dejar de esconderme como una cobarde, él ya se había enterado de todo. Fui tan tonta por dudar durante tanto tiempo. Debí ser franca desde el principio. Ahora mi padre pensaba que jamás le hubiera dicho la verdad si él no lo hubiera descubierto por culpa de otra persona.
No pude contenerme más, lloré, sin importarme los doctores y enfermeros que pasaban a mí lado, ocupados con los múltiples pacientes.
No lloraba solo por su rechazo. Lloraba por mi cobardía. Debí contarle desde el principio. Desde el momento en que Connor reapareció en mi vida con su contrato retorcido y su mirada que lo devoraba todo. Debí sentarme con mi papá y decirle: «Me vendí como madre subroga