Si no pude ayudar a mi padre, si me convertí en una carga para él desde el momento en que nací y no he hecho más que empeorarle la vida colocándolo en una silla de ruedas, al menos… ¡No, lo necesitaba! Necesitaba ayudar a este hombre que se parecía tanto a él, que me recordaba lo mucho que tuvo que sufrir. La culpa me oprimía el pecho.
Connor me miró, anonadado. Apenas y parpadeó, pero su gesto severo jamás abandonó su rostro.
—¿Él… él es el señor Connor Ronchester? —El hombre llamó mi aten