Los días se fundían en una monotonía dolorosa para Jade. Su vida se había reducido a una única prioridad: la supervivencia de su padre, Morgan. La cafetería donde Robert le había propuesto matrimonio se sentía como un recuerdo lejano, un eco de una vida que, por el momento, no le pertenecía. El anillo de diamante, frío y pesado en su dedo, era un recordatorio constante del trato que había sellado, un sacrificio por la vida de su padre.
La rutina diaria de Jade comenzaba y terminaba en el hospit