El anuncio de la enfermera de que Morgan ya estaba en cirugía dejó a Jade en un estado de suspenso. Su mente era un torbellino de ansiedad y una extraña euforia. La esperanza, que se había aferrado a un hilo tan frágil, ahora crecía con la fuerza de un huracán. Su padre, su amado padre, tenía una oportunidad.
Robert había cumplido su parte del trato. El anillo en su dedo se sentía menos como un grillete y más como una promesa de vida, aunque el costo de esa vida fuera su propia felicidad.
Jade