El eco de las palabras del médico, "solo un milagro puede salvar a su padre", resonó en la mente de Jade mientras las lágrimas empapaban el frío suelo del hospital. La desesperación la consumía y un abismo oscuro se abría bajo sus pies. No podía perder a su padre. No después de todo lo que había pasado, después de que él fuera su única constante, su refugio.
Se levantó, sus piernas aún temblorosas, y se dirigió a la sala de espera desierta. Necesitaba pensar. Necesitaba un plan. El reloj en la