El domingo amaneció cargado de un calor seco, como si hasta el cielo se resistiera a moverse. En la finca, el ambiente estaba tenso desde que se anunciara una visita de los socios principales, encabezada por un hombre que Doña Hortensia quería impresionar.
Leonel sabía que no era más que una excusa.
Una forma de recordarle su lugar.
Un intento de controlarlo.
Otra jugada más de su madre.
Pero esta vez, no iba a quedarse en silencio.
—¿De verdad piensas sentarte en esa mesa con esa ropa? —dijo D