El silencio en la finca era distinto desde que María Elena dejó de responder a los acercamientos de Leonel.
No había gritos, ni escenas.
Pero en cada rincón… pesaba la ausencia de una respuesta.
Leonel seguía trabajando con los jornaleros como si intentara arrancarse el pasado con cada saco de tierra que cargaba. Pero nada de eso llegaba a María Elena de la forma en que él esperaba.
No era que ella no lo viera.
Era que no podía permitir que su corazón hablara más alto que su memoria.
Porque lo