11. Tu mirada
Roxana
Me había armado de valor para ser la anfitriona perfecta. Respiré hondo, alisé mi vestido y me dirigí hacia la entrada después de que me avisaron que Alessandro y su esposa acaban de llegar. Sin embargo, jamás esperé que ella me sujetara con una mano y la cerrara alrededor de mi brazo como una garra.
—Tu casa es preciosa —su tono entusiasta no parecía entonar con su mirada, pero me sentí sonreír al darle las gracias a una mujer que vi apenas dos veces en mi vida y ahora actuaba como si f