98. Despertar
Roxana
El pitido cerca de mi oído me hizo fruncir el ceño, y cuando quise tragar, el ardor en la garganta no me lo permitió. Iba a llevarme la mano al cuello, pero un peso cálido la mantenía cautiva y lo impidió.
Abrí los ojos y tardé unos segundos en aclarar mi visión, pero no esperaba descubrir que el motivo fuera Alessandro, envolviendo mi mano con la suya. No pude resistir el impulso de acomodar su cabello desordenado al verlo dormido, con barba. Jamás lo vi con barba, pero la confusión in