Después de una semana de haber llegado a Milán, Vladimir recibió la visita de sus abuelos. Aquella mañana se encerró con el Patriarca de la familia Costello en el despacho, Vecchio Leone – (el viejo León)- como mejor era conocido, un hombre que, aun superando los setenta años, seguía imponiendo con solo cruzar una puerta. Su andar pausado no era señal de debilidad, sino de dominio absoluto, cada paso parecía recordar a todos quién era y lo que había construido.
No necesitaba alzar la voz para q