“No puede ser… no puede ser cierto”, se dijo Valeria internamente mientras el mundo parecía detenerse a su alrededor.
Poco a poco se dio la media vuelta hasta quedar cara a cara con él. Con esos ojos tan negros como la noche, con ese rostro que por más que intentó borrar jamás logró olvidar. No solo porque fuera el recuerdo de un hombre, sino porque ese mismo rostro lo veía todos los días reflejado en Ángelo. La realidad le golpeó el pecho con violencia. Se atragantó con su propia saliva, el ai