Después de que Valeria tomó una ducha, se vistió con una blusa blanca, pantalones negros ceñidos a su figura y botas de tacón del mismo color. Dejó su cabello suelto, aún húmedo, cayendo libre sobre sus hombros y su rostro limpio, sin una sola gota de maquillaje. No lo necesitaba. Valeria era una mujer hermosa incluso en su estado más natural, y lo sabía, aunque jamás lo usara como arma… a menos que fuera necesario.
Junto a su amiga salió de la habitación, sosteniendo con firmeza a su hijo, com