Valeria comenzó a moverse inquieta sobre la cama, restregándose entre las sábanas hasta que, poco a poco, abrió los ojos. La confusión fue lo primero que la invadió, seguida de golpe por los recuerdos del aeropuerto, la multitud, el silencio repentino, la figura imponente del padre de su hijo acercándose entre hombres armados, el miedo paralizándola… y después, la oscuridad absoluta. Sobresaltada, se incorporó de inmediato, provocándose un ligero mareo que la obligó a sostenerse del borde de la