554. ESTAMOS A SALVO

De pronto, una lluvia de disparos arremete contra los autos que nos siguen con una puntería escalofriante que me recuerda a mi Gerónimo.  

—Ja, ja, ja, son mis compañeros. ¡Estamos a salvo, señora! —dice aliviado Mateo, viendo cómo los autos se detienen. —¿Señora, está bien?  

Asiento con la cabeza, enderezándome en lo que entramos al poblado. Mateo me señala a los cuatro Manos Ne
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