584. EL INICIO DEL FIN
GERÓNIMO:
Mi corazón no dejaba de palpitar al compás del suyo, como si el universo estuviera en sincronía con este instante eterno. Tomé su mano con firmeza, deseando transmitirle que la única certeza que me movía era ella.
—Cielo mío, no pienses en eso —le pedí de inmediato. —Solo deja que cuide de tu alma rota. Quiero ser tu apoyo, quiero que juntos construyamos una vida para los dos. No quiero separarme de ti nunca. Estoy enamorado de ti, mi Cielo. Amo tus hermosos ojos verdes que nunca ol