585. UN FINAL FELIZ
GERÓNIMO:
El silencio en el salón fue tan profundo que parecía que todos habían detenido incluso su respiración. Mi Cielo, con las manos aún en su vientre, clavó sus ojos en mí. En su mirada había una mezcla de sorpresa, miedo y algo más que no podía descifrar en ese momento. Mi corazón palpitaba con fuerza, temiendo lo que pudiera responder.
—¿Me lo ocultaste? —susurró finalmente, casi inaudible.
Asentí, apretando los labios. Sabía que este momento llegaría y que tendría que enfrentar su e