163. EL RECONOCIMIENTO DE FABRIZIO
La habitación se cubrió con un manto de silencio, roto sólo por el suave sonido de las máquinas que monitoreaban a Gerónimo. Cristal permanecía atenta, observando cada respiración, cada suspiro de su amado, sintiendo que su lugar en el mundo estaba allí, a su lado.
Luigi, que había venido a traer ropa para Cristal, las coloca sobre la mesita haciendo un gesto para ella, y Cristal agradece. Luego, él cierra la cortina y la puerta, y ordena a dos guardias que no dejen entrar a nadie, excepto a él