164. LUCIANO
En el despacho, el eco de los golpes y las súplicas de Luciano se mezclaba con el tic-tac del viejo reloj de pared. La atmósfera estaba cargada de desesperación y el miedo enredaba los pensamientos de cada uno de los presentes.
—¡Yo no le tengo miedo a Gerónimo! —gritó Luciano desde el suelo, haciendo que su padre se detuviera y lo increpara furioso.
—¿No? ¿Y por qué te orinabas en los pantalones cuando eras niño cada vez que lo veías? —preguntó en tono burlón.
—¡Eso era cuando era un niño, pap